El equipo dentro del equipo: así nace la Marca Italia - Loredana Vitale
El equipo dentro del equipo: cómo la Fórmula 1 revela la inteligencia colectiva que une a las empresas italianas y construye, junto a Madrid, la Marca Italia.
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El equipo dentro del equipo: así nace la Marca Italia

De la excelencia de cada marca a la construcción de la Marca Italia.

La Fórmula 1 es una de las expresiones más poderosas de la cultura industrial italiana: detrás del piloto y detrás de cada marca existe una inteligencia colectiva capaz de reunir tradición, tecnología, diseño y emoción.

En Madrid, ese primer equipo reveló otro mayor: el formado por las empresas que, juntas, construyen la Marca Italia.

Italia es una gran exportadora de sentido. Desde siempre ha llevado más allá de sus fronteras una manera de concebir los productos: una alianza entre belleza, conocimiento, oficio, tecnología y emoción. No es una cualidad que se añade al final del proceso, sino una cultura del hacer, construida entre talleres, laboratorios, empresas y generaciones. La Fórmula 1 es uno de los lugares donde esta cultura alcanza su expresión más radical.

El 10 de septiembre, en los jardines del Palacio de Amboage, sede de la Embajada de Italia en Madrid, el encuentro De Italia a Madrid: la pasión viaja en Fórmula 1 reunió a instituciones, empresas y protagonistas de la industria automovilística en vísperas del regreso del Gran Premio a la capital española, cuarenta y cinco años después de la última carrera disputada en Madrid.

Organizado por la Embajada de Italia en colaboración con ICE e IFEMA Madrid, el evento contó con la participación de Stefano Domenicali, Presidente y CEO de la Fórmula 1; José Vicente de los Mozos, Presidente de IFEMA Madrid; Andrea Pontremoli, Consejero Delegado de Dallara y Presidente de Motor Valley y MUNER; Geronimo La Russa, Presidente del Automobile Club d’Italia, y Jérôme D’Ambrosio, Deputy Team Principal de la Scuderia Ferrari.

Asistieron también representantes de Pirelli, Pininfarina, Marelli, Racing Bulls, DZ Engineering y Racing Force Group, junto a unos cuatrocientos invitados procedentes de las instituciones y del mundo empresarial, tecnológico, universitario y de la comunicación. Lo más revelador de aquella tarde, sin embargo, no fue la sucesión de nombres ilustres, sino la arquitectura que emergía detrás de ellos: un equipo dentro de otro equipo.

La Fórmula 1 conserva la apariencia de una epopeya individual. Vemos al piloto, su rostro antes de la salida, sus reflejos y su capacidad de decidir en una fracción de segundo. La victoria parece concentrarse en una sola figura, porque es él quien sube al podio.

Pero ningún piloto corre solo.

Detrás de cada monoplaza existe una inteligencia colectiva compuesta por ingenieros, diseñadores, mecánicos, estrategas y especialistas en materiales, neumáticos, electrónica, aerodinámica y análisis de datos. Este es el primer equipo: el grupo interno de cada marca, una comunidad de competencias diversas organizada en torno a un objetivo común.

Es fácil dejarse fascinar por el talento y el valor de quien ocupa la primera línea. La Fórmula 1, sin embargo, nos recuerda una verdad menos vistosa: la excelencia individual solo alcanza su plenitud cuando encuentra una organización capaz de crear y sostener el ecosistema que la hace posible.

Ferrari no es solo el piloto vestido de rojo. Pirelli no es simplemente el neumático que vemos durante un pit stop. Pininfarina no se agota en la belleza de una línea. Cada una de estas empresas encierra una trama de conocimientos acumulados, transmisión generacional y trabajo compartido. El equipo permite que el significado de la marca perdure en el tiempo, hasta convertirse en expresión de una cultura profundamente italiana.

En Madrid emergió una segunda dimensión. Las empresas presentes tienen historias, intereses y culturas empresariales distintas. Algunas incluso compiten entre sí.

Lo más hermoso es que, cuando se encuentran fuera de Italia, sus identidades individuales comienzan a componer una identidad superior.

Cada marca es un equipo, pero juntas construyen otro: la Marca Italia.

El Made in Italy, tan envidiado como reconocido, es la imagen que llega al exterior: diseño, creatividad, innovación, calidad, estilo, sensibilidad y capacidad industrial. El Sistema País es la estructura que hace posible esa imagen: empresas, instituciones, universidades, centros de investigación, territorios, formación especializada y capital humano que trabajan en conexión. La Marca Italia seduce; el Sistema País le otorga consistencia.

Andrea Pontremoli sintetizó esta idea en una expresión especialmente certera: hay que pasar del «ego-sistema» al «eco-sistema». La competitividad italiana no depende solo de la fuerza de una gran empresa, sino de la calidad de las relaciones que se crean entre grandes grupos, empresas familiares, proveedores, universidades y centros de formación.

La Motor Valley italiana encarna esta lógica. No es solo una concentración geográfica de empresas vinculadas al mundo del automóvil, sino un territorio cultural en el que el conocimiento circula, se especializa, se transmite y se transforma. Allí conviven la memoria mecánica y la investigación avanzada, la empresa familiar y la gran industria, el saber artesanal y la ingeniería de altas prestaciones.

La excelencia deja de ser una cualidad aislada y se convierte en un sistema.

Entre el equipo de cada empresa y el que construye la Marca Italia existe un vínculo menos tangible: la pertenencia. Pertenecer no significa simplemente ocupar un lugar dentro de una organización. Significa reconocerse en una historia, comprender lo que se ha recibido y asumir la responsabilidad de hacerlo avanzar sin desnaturalizarlo; significa reconocerse en una identidad.

La pertenencia no es una celebración complaciente del carácter nacional. Es algo más exigente: obliga a estar a la altura de un legado y transforma la reputación recibida en una responsabilidad presente. En las grandes marcas italianas, el pasado no funciona solo como archivo o argumento publicitario. Se convierte en un punto de referencia. Innovar exige comprender lo que debe permanecer, lo que puede evolucionar y lo que debe imaginarse de nuevo.

La colaboración con España completa el círculo virtuoso fuera de la madre patria. España no aportaba un conjunto equivalente de fabricantes automovilísticos, sino la estructura institucional, organizativa y territorial que hizo posible el nuevo Gran Premio: IFEMA Madrid, MADRING, la ciudad y una estrategia concebida para situar a la capital en el circuito internacional de la Fórmula 1.

Italia mostró su propio ecosistema industrial. España ofreció el lugar en el que ese ecosistema podía proyectarse, tejer relaciones y encontrar nuevas oportunidades. La colaboración bilateral no nace de hacer las mismas cosas, sino de la capacidad de articular competencias diferentes.

Italia aporta su tradición ligada a los motores, al diseño, a la ingeniería y a la formación especializada; Madrid pone a disposición infraestructuras, conectividad, capacidad organizativa y la voluntad de crear un Gran Premio con identidad propia y vocación duradera.

En 2025, los intercambios comerciales entre ambos países alcanzaron cerca de 71.000 millones de euros. Pero las cifras, por sí solas, no explican la naturaleza de una relación. La colaboración adquiere auténtica profundidad cuando el intercambio económico se convierte también en circulación de conocimiento, talento, investigación y cultura empresarial.

El trofeo del Gran Premio de España, diseñado por Pininfarina, hace tangible esta conversación: una empresa italiana interpreta a través del diseño uno de los símbolos del nuevo circuito madrileño. Italia diseña; Madrid se reconoce en el resultado.

En Madrid, Italia no presentó solo una serie de empresas excelentes. Mostró la capacidad de estas empresas de reconocerse como parte de una obra colectiva. Primero vienen las personas que construyen cada marca; después, las marcas que construyen un país.

Y, finalmente, un país que pone su saber en relación con otro para abrir una nueva posibilidad.

En la pista, las marcas compiten. Fuera de ella, la inteligencia consiste en saber colaborar. La bandera a cuadros hace visible, apenas por unos segundos, lo que la cultura del Tricolor ha aprendido a hacer a lo largo de las generaciones.

Loredana Vitale 

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