El Made in Italy, más allá de una etiqueta: un sistema - Loredana Vitale
El Made in Italy es mucho más que lujo: un sistema donde industria, cultura y saber hacer se entrelazan. Una reflexión sobre su estructura real y el papel esencial de las mujeres en su continuidad.
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El Made in Italy, más allá de una etiqueta: un sistema

Hablar de Made in Italy —si alguien aún lo asocia únicamente a la moda, al lujo o a la gastronomía— es, como mínimo, quedarse corto. No puede explicarse desde un solo sector ni desde una única narrativa. Existe en la intersección entre industria, cultura, territorio y pensamiento. Encerrarlo en determinados ámbitos productivos resulta cómodo, pero profundamente impreciso.

Italia es, sin duda, una gran exportadora de belleza. Pero no solo de la belleza visible. Esa belleza se transforma en excelencia, en saber hacer, en profundidad técnica, en conocimiento aplicado. El Made in Italy genera estructuras industriales altamente especializadas que operan con una precisión desconocida para muchos. Desde la investigación hasta la ingeniería, desde la manufactura avanzada hasta los oficios más refinados, hay una misma lógica de fondo: hacer bien, sabiendo qué se hace y por qué se hace.

Esa coherencia —rara en un contexto global que tiende a fragmentar— es lo que convierte al Made in Italy en algo reconocible incluso cuando no se nombra.

El lujo, en este marco, no es el centro. Es la expresión más visible de una realidad mucho más amplia. Es donde esa forma de hacer se vuelve narrativa, pero no donde nace. Por eso, cuando el lujo se separa de esa raíz, pierde densidad. Se vuelve superficie.

El verdadero valor del Made in Italy no está solo en el objeto, sino en la estructura que lo sostiene. En la continuidad de una filiera que no es únicamente productiva, sino cultural. En la transmisión de un saber que no se improvisa y que no puede deslocalizarse sin perder sentido. Y, para mí, aquí está el eje central: el Made in Italy es un sentir, una forma de ver, una forma de ser, una forma de estar en el mundo.

Hoy, quizás más que nunca, toca dar lugar, dentro de esa estructura, a una presencia constante que durante demasiado tiempo no ha sido nombrada con la precisión que merece: la de las mujeres.

No como símbolo hueco, sino como arquitectura. Como pilar y como motor.

Las mujeres están en todos los niveles del sistema. En la gestión, en la dirección, en la ejecución, en la transmisión. Están en la empresa, pero también en ese espacio menos visible donde se decide lo esencial: la continuidad de los valores —eje fundamental del Made in Italy—, la calidad del gesto, el criterio.

Sostienen lo que no siempre se mide ni se ve, pero que impregna todo el conjunto hasta darle esa densidad que resulta difícil de encontrar en otros territorios.

Lo comentaba mi colega Antonella Ruggiero en su artículo homenaje a su nonna hace unos días. Hablaba de memoria, de tradición y de transmisión. De cómo muchas mujeres italianas —en este caso emigradas a países iberoamericanos— han sido capaces de conservar una identidad entera a través de los sabores y los saberes de los platos que cocinaban.

Seguramente Antonella no sería la que es sin esa nonna, sin esos saberes y esos sabores.

Y, como ese… hay miles de casos.

Ese será uno de los ejes de mi labor en DOMINAE España: encontrar historias que contar, realidades productivas, mujeres que saben, dicen y construyen.

Hablar hoy del talento femenino en el Made in Italy en el mundo no es una tendencia ni una concesión. Es ajustar el foco, hacer justicia y activar un valor de enorme peso en muchos contextos.

En este marco, las iniciativas que articulan ese talento a nivel internacional no deberían entenderse como simples escaparates, sino como lugares donde las relaciones se construyen con sentido, donde las trayectorias se encuentran y donde el valor se reconoce desde dentro.

En estos días de inicio de mi labor en DOMINAE España, estoy redescubriendo la belleza del movimiento asociativo: el gusto por compartir, por sumar, por apoyar. Las ganas de crecer juntas, en coherencia.

Porque el Made in Italy no necesita más relato que ser sí mismo, y las mujeres son parte integrante y necesaria de él.

Hoy celebramos el Made in Italy, pero celebrarlo es irrelevante si no se comprende. Esta será otra de mis misiones en España y, más allá de ella, generar una plataforma de cohesión y colaboración con España, tendiendo puentes entre tradiciones y saber hacer local. Juntos somos más fuertes y, con las mujeres en movimiento, imparables.

Aprovecho también para agradecer a Emanuela Viglione haberse sumado al proyecto, creer en mí y en mi forma de trasladar el relato de DOMINAE.

Y lanzo una invitación: a las italianas en territorio español —de nacimiento o de generaciones sucesivas— a acercarse a la asociación. Me pongo a vuestra disposición para abrazar nuestras raíces, nuestra memoria y afrontar el futuro juntas.

También a todas aquellas personas que sienten afinidad con esta forma de hacer y de estar.

DOMINAE nos espera en muchos lugares, se viste de todos los colores de nuestra bandera y de la fuerza de una feminidad en movimiento.

Porque el Made in Italy, cuando es verdadero, siempre ha sido un lugar al que volver.

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